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Dave Myers, una personalidad de la televisión británica que se dio a conocer por ser uno de los Hairy Bikers, acaparó titulares recientemente debido a su estado de salud. A principios de año, Myers reveló que estaba luchando contra el cáncer, y todavía sigue en esa lucha. El tratamiento de quimioterapia al que se tuvo que someter lo privó de su famosa y larga cabellera. Es una experiencia por la que han tenido que pasar muchas personas que han recibido tratamiento contra el cáncer.

Perder el pelo nunca es fácil. Y perderlo cuando estamos gravemente enfermos, en un momento de tanta debilidad, resulta aún peor. En este artículo vamos a analizar la pérdida capilar que se produce como consecuencia de la quimioterapia, y te contaremos cómo podemos afrontarla.

Efectos

Los fármacos que se usan en la quimioterapia pueden causar reacciones diversas, y la potencia de la dosis suministrada también puede provocar resultados variables. En la práctica, esto significa que el tratamiento puede generar una pérdida capilar parcial o total (esto es, en todas las zonas del cuerpo). Myers, por ejemplo, mencionó que su tratamiento le había dejado los ojos irritados y adoloridos, porque hizo que se le cayeran las pestañas. Por lo tanto, es importante consultar al médico que supervisa el tratamiento, para saber qué reacciones podrías presentar. Así estarás mejor preparado para lo que te espera.

La caída del cabello suele producirse un mes después de comenzar el tratamiento. La rapidez con la que se produzca dependerá del fármaco utilizado, y de la dosis suministrada. El pelo se puede caer gradualmente o de repente, en densos mechones. No existe ningún método que sea eficaz para evitar la caída del cabello causada por este tipo de tratamientos. Medicamentos como el minoxidil pueden estimular el crecimiento capilar una vez terminado el tratamiento, pero no detendrán la caída durante el mismo.

Reacciones personales

La caída del cabello causada por la quimioterapia no nos afecta a todos por igual. Por ejemplo, algunas personas que tienen una enfermedad grave prefieren no decírselo a la gente, pero la pérdida repentina y dramática del cabello les obliga a revelar algunos detalles de su problema. El caso de Myers no es común, porque él es una figura pública, pero es interesante observar que, aunque reveló su diagnóstico de cáncer en mayo, nunca ha dado detalles sobre qué tipo de cáncer tiene.

Para algunas personas, superar el tratamiento y recuperar la salud son los objetivos primordiales. Desde esa perspectiva, la caída del cabello es solo un problema menor que hay que soportar para poder curarse. Pero otras personas sienten que su cabello es una parte muy importante de su identidad. En estos casos, la calvicie puede ser más difícil de soportar. La enfermedad es un ataque a la salud, pero la calvicie resultante puede sentirse como un ataque a nuestro sentido de identidad. Por lo tanto, la pérdida del cabello casi puede convertirse en un crudo recordatorio del trauma general que el paciente está experimentando.

La pérdida del cabello también puede provocar reacciones muy personales, dependiendo del tipo de calvicie. Los comentarios de Myers sugieren que la pérdida de su cabello no le preocupa tanto como la pérdida de su barba y de sus pestañas. “Yo nací con mi barba”, asegura. “Puedo aceptar quedarme sin cabello, pero quiero recuperar mi barba”. Es evidente que no todo el mundo reacciona de la misma manera.

Mecanismos de defensa

Cada quien decide cómo afrontar la caída del cabello. Sin duda, se trata de una decisión muy personal. Algunas personas optan por usar pelucas, mientras que otras prefieren usar sombreros o pañuelos. Otros simplemente aceptan su condición sin más, dejándose la cabeza al descubierto, sin fijarse en las miradas ni los comentarios de la gente. Encontrar un grupo de apoyo y hablar de estos temas con personas que hayan pasado por lo mismo puede ayudarnos a tomar ese tipo de decisiones.

Así, por ejemplo, Look Good Feel Better es una organización benéfica internacional que ofrece apoyo a las personas que son diagnosticadas con cáncer. Brindan apoyo práctico, incluyendo asesoría profesional sobre cómo afrontar la pérdida del cabello, las cejas y las pestañas. También ofrecen consejos sobre otras estrategias para afrontar la situación. Este tipo de ayuda resulta invaluable para muchas personas, pero otras prefieren seguir adelante apoyándose en sus amigos y familiares.

Conclusión

A algunas personas les puede parecer que, cuando alguien tiene cáncer, la caída del cabello es lo último en lo que hay que pensar. No obstante, muchos de los que han pasado por esa enfermedad aseguran que no es así. Cuando estamos seriamente enfermos, la caída del cabello puede sentirse como un golpe bajo, como una estocada final. La única nota positiva es que la calvicie que aparece tras la quimioterapia suele ser temporal: normalmente el pelo vuelve a crecer al cabo de unos meses.

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